Ella lo encontró muerto a tiros en un callejón de Boston, aferrando a sus gemelos. Al amanecer, supo que él era el dueño de la ciudad. Parte 1-crissssss - US Social News

Ella lo encontró muerto a tiros en un callejón de Boston, aferrando a sus gemelos. Al amanecer, supo que él era el dueño de la ciudad. Parte 1-crissssss

Los gemelos quedaron sobre la mesa de acero inoxidable, aún sujetos al arnés, como si el mundo entero dependiera de esas hebillas de plástico.
Anna les acomodó las mantas con manos torpes. No sabía nada de armas, pero sabía reconocer el temblor del frío en un bebé. Les rozó la frente con los nudillos para medir la temperatura, como había visto hacer a las madres de medio Southie.

 

 

 

 

 

“Tranquilos, pequeños…”, murmuró, en un tono que ni ella reconoció. “Ya pasó. Están dentro. Están a salvo. Más o menos.”
No estaban a salvo. Ni ellos, ni ella, ni el hombre sangrando en su despensa.

 

 

 

 

 

Daniel soltó un gemido ronco cuando Anna arrancó con cuidado la chaqueta del traje. La tela de lana fina se había pegado a la carne por la sangre seca y la lluvia. Tuvo que morderse la mejilla para no pedirle perdón por cada tirón.

 

 

 

Debajo, la camisa blanca era un mapa de manchas rojas. Una mancha más oscura y densa se extendía desde el costado derecho, justo bajo las costillas.
“Necesitas un hospital”, dijo ella, más para sí misma que para él.

 

 

 

 

“Ya… te dije que no.” Sus párpados temblaron, pero los ojos azules siguieron ahí, clavados en ella, obstinados. “Si aparezco… en urgencias… no llego a ver… el amanecer.”
Anna tragó saliva. Miró la puerta de la cocina, el reloj junto al reloj de fichar, el teléfono fijo colgado en la pared. Eran las 2:23.
Podía llamar a emergencias, dejar el auricular descolgado, huir por la puerta principal y fingir que nunca lo había visto. No tenía nada que ver con ella. No sabía quién era ese hombre, no sabía de dónde venían los disparos, no sabía por qué la policía, según él, le había metido plomo en el cuerpo.

 

 

 

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