Ocho Veces En Una Noche… Al Ver Sangre En La Cama, El Millonario Quedó Paralizado por el Shock…
La lluvia golpeaba los ventanales del hotel con una furia casi salvaje, como si el cielo quisiera despedazar la ciudad que, indiferente, seguía brillando allá abajo. Desde el piso 23, Sebastián contemplaba las luces borrosas de la metrópoli con un vaso de whisky entre las manos, ya tibio y sin alma. Tenía 32 años, un imperio farmacéutico construido bajo su nombre… y un vacío en el pecho que ni todo su dinero podía llenar.
El teléfono no dejaba de vibrar.
Llamadas de negocios. Mensajes urgentes. Recordatorios. Exigencias.

Todos esperaban algo de él. Todos necesitaban algo de él. Pero nadie, absolutamente nadie, se detenía a preguntarle cómo estaba.
Con un gesto agotado, apagó el teléfono y lo arrojó sobre el sofá.
Y entonces sucedió.
Una voz.

Suave. Femenina. Imperfecta… pero extrañamente hermosa.
Alguien estaba cantando al otro lado de la pared.
No era la voz pulida de una cantante profesional, pero tenía algo imposible de ignorar, algo que atravesó a Sebastián de lleno, directo al pecho. Era una canción antigua, empapada de nostalgia, como si cada nota cargara una herida. Sin darse cuenta, se acercó lentamente y apoyó la palma de la mano contra la pared.
En ese instante, la voz se detuvo.

Silencio.
Y después… tres golpes suaves.
Sebastián respondió del mismo modo.
—Hola… —dijo la voz, con una calidez tan inesperada que le erizó la piel.
Y así, entre una pared, una tormenta y dos almas desconocidas, comenzó algo para lo que ninguno de los dos estaba preparado.
Porque lo que empezó como una conversación absurda, casi accidental, estaba a punto de convertirse en algo mucho más profundo… más peligroso… y más real de lo que cualquiera de los dos habría podido imaginar.
Valeria tenía 25 años, era maestra, y esa misma noche había sido abandonada por el hombre con quien soñaba construir su vida. Sebastián, por su parte, cargaba la herida de una traición que aún no cicatrizaba: meses atrás, su prometida y su mejor amigo lo habían destruido de la peor manera.
