La máquina no solo emitía un pitido. Gritaba. Y cuando cavé un metro de profundidad en la arena empapada por la tormenta, me di cuenta de que no había encontrado ningún tesoro.-crisss - US Social News

La máquina no solo emitía un pitido. Gritaba. Y cuando cavé un metro de profundidad en la arena empapada por la tormenta, me di cuenta de que no había encontrado ningún tesoro.-crisss

Tomás fue el primero en reaccionar.

—Nadie toque eso.

Su voz salió seca, más baja de lo normal, pero bastó para que los demás se quedaran quietos. El ruido de la obra seguía alrededor, lejano, como si perteneciera a otro mundo. Allí, en ese rincón del fondo, solo existían el jadeo del perrito, la tierra removida y aquel bulto oscuro asomando bajo el lodo.

 

 

 

 

Mauro tragó saliva.

 

 

 

 

—Capaz es basura vieja.

Nadie le creyó.

El Supervisor dio dos pasos atrás, con las orejas caídas y la cola rígida, sin apartar la vista de la tela sucia que sobresalía del suelo. Ya no escarbaba. Ahora vigilaba, como si hubiera cumplido su tarea y supiera que lo siguiente le correspondía a los humanos.

Tomás tomó una pala, pero no la hundió de golpe. Empezó a retirar la tierra con cuidado, apartándola a un lado como si temiera romper algo frágil. Poco a poco, el bulto fue tomando forma.

Era una manta.

Una manta gruesa, vieja, embarrada, atada con un cordel ya podrido por el tiempo.

Mauro se pasó una mano por la nuca.

—No me gusta nada esto.

Tomás tampoco dijo que le gustara.

Siguió cavando.

 

 

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