Diez años… en un espacio tan pequeño que incluso moverse se volvió un recuerdo borroso. -nghia - US Social News

Diez años… en un espacio tan pequeño que incluso moverse se volvió un recuerdo borroso. -nghia

Diez años… en un espacio tan pequeño que incluso moverse se volvió un recuerdo borroso.

El suelo bajo sus patas no cambiaba nunca. Siempre húmedo. Siempre frío. Siempre el mismo. La jaula oxidada marcaba los límites de su mundo: dos pasos hacia adelante, uno hacia atrás… y nada más.

Ella ya no intentaba salir.

Había dejado de hacerlo hace mucho tiempo.

Su cuerpo lo mostraba sin necesidad de palabras. Delgado, marcado por huesos que sobresalían bajo una piel dañada, cubierta de heridas que nadie había curado. Su pelaje, o lo que quedaba de él, apenas protegía del clima que caía sobre ella sin descanso.

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La lluvia no era algo que observara desde lejos.

La lluvia… caía sobre su piel.

Sin refugio.

Sin pausa.

Sin cuidado.

El recipiente de metal a un lado estaba vacío. No siempre lo estuvo. Pero ahora… ya no importaba. Había aprendido a no esperar.

Porque esperar también duele.

Y ella ya había sentido suficiente.

Aun así…

no estaba completamente apagada.

Había algo en su postura, en la forma en que mantenía la cabeza ligeramente elevada, que no encajaba con el abandono absoluto. No era fuerza. No era energía.

Era algo más sutil.

Como si una parte de ella… aún no se hubiera rendido del todo.

El sonido de pasos rompió el ritmo de ese lugar.

No eran los mismos de siempre.

No eran pesados.

No eran bruscos.

Eran distintos.

Ella no se movió.

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