El perrito no dejaba de lanzarse delante de desconocidos en el camino de tierra… hasta que un hombre finalmente lo siguió y descubrió quién lloraba en el fondo del agujero escondido.-tuan - US Social News

El perrito no dejaba de lanzarse delante de desconocidos en el camino de tierra… hasta que un hombre finalmente lo siguió y descubrió quién lloraba en el fondo del agujero escondido.-tuan

En un barrio donde la mayoría de la gente había aprendido a seguir caminando, los dos perritos se habían convertido en parte del paisaje.

No eran amados exactamente.

No photo description available.

Tampoco odiados.

Simplemente conocidos.

El tipo de criaturas que todos reconocían, pero que nadie reclamaba como suyas.

Recorrían las mismas calles todos los días, pasando junto a la llantería, el muro derruido detrás de la farmacia, el solar vacío con maleza lo suficientemente alta como para ocultar basura vieja.

Los niños eran quienes más los notaban.

Los adultos solían echarles un vistazo y seguir su camino.

Pero los niños conocían su rutina.

El más pequeño era de color marrón claro, casi dorado bajo el sol, con patas delgadas y ojos brillantes que le daban una apariencia de estar siempre asustado.

El más grande era más oscuro, negro polvoriento, con el pecho blanco y una carita ancha que, de alguna manera, siempre parecía seria.

Nunca se separaban.

Si uno cruzaba la calle, el otro lo seguía.

Si uno bebía de un charco, el otro lo vigilaba.

Si uno se tumbaba a la sombra, el otro se acurrucaba cerca, tan cerca que sus costados casi se tocaban.

Nadie sabía cuánto tiempo llevaban juntos.

Nadie sabía si eran hermanos, si eran animales abandonados que se habían encontrado o simplemente dos almas solitarias que decidieron que sobrevivir juntos era menos aterrador.

Pero todos los que los veían entendían una cosa:

Se pertenecían el uno al otro.

El barrio era de esos lugares que la gente describía con indiferencia.

No lo suficientemente peligroso como para salir en las noticias.

No lo suficientemente cuidado como para sentirse seguro.

Solares baldíos bajo el sol abrasador.

Talleres mecánicos que esparcían piezas oxidadas entre la maleza.

Read More