Cada tarde, el pequeño Milo desaparecía en el mismo rincón del pueblo… -tuan - US Social News

Cada tarde, el pequeño Milo desaparecía en el mismo rincón del pueblo… -tuan

En el pueblo de San Jacinto, el silencio tenía un sonido propio.

Vivía en los caminos polvorientos.

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En las paredes agrietadas que el sol calentaba por la tarde.

En el vaivén lento de las puertas de madera.

Y en los pasos de la gente que se conocía desde hacía tantos años que ya no necesitaba hacerse demasiadas preguntas.

La vida allí era sencilla.

Predecible.

A veces pobre.

A veces dura.

Pero siempre familiar.

Por eso todos se fijaban en el pequeño perro callejero, aunque la mayoría fingiera que no.

Era pequeño.

Color miel debajo de toda la suciedad.

Delgado de patas.

Redondo de vientre de esa forma torpe que tienen los perros que han sobrevivido con sobras, mala comida y demasiada hambre seguida de muy poca suerte.

Las puntas de sus orejas caían un poco.

Su pelaje era áspero y estaba apelmazado por zonas.

Y sus ojos eran lo que la gente más recordaba.

No eran ojos salvajes.

Ni agresivos.

Ni los de un perro que hubiera olvidado a los humanos.

Eran los ojos de una criatura que todavía quería confiar, pero que ya no sabía cómo hacerlo.

Los niños lo llamaban Milo.

Nadie estaba seguro de dónde había salido el nombre.

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