Ocho veces en una sola noche, la chica golpeó la pared pidiendo ayuda… y cuando el millonario abrió la puerta y vio la sangre en la cama, se dio cuenta de que era demasiado tarde para ignorarlo.-tuan - US Social News

Ocho veces en una sola noche, la chica golpeó la pared pidiendo ayuda… y cuando el millonario abrió la puerta y vio la sangre en la cama, se dio cuenta de que era demasiado tarde para ignorarlo.-tuan

La voz había sido real.

Débil.

Asustada.

Humana.

No era una trampa de su cabeza.

No era el eco de la noche.

Era Valeria.

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Cruzó la habitación en dos zancadas y apartó la tela pesada de un tirón.

Ella estaba en el suelo, encogida entre la ventana y una pequeña mesa auxiliar volcada. Tenía una mano apretada contra el costado y la otra temblándole sobre la alfombra. Su blusa clara estaba empapada en un rojo oscuro que seguía extendiéndose.

Pero lo que dejó a Sebastián helado no fue solo la sangre.

Fue su mirada.

No era la mirada de alguien confundido.

Era la mirada de alguien que sabía exactamente quién la estaba cazando.

—No cierres los ojos —dijo él, arrodillándose frente a ella—. Valeria, mírame.

Ella tragó saliva con dificultad.

Tenía los labios pálidos.

—No llames a recepción —susurró—. No llames todavía.

Sebastián apretó la mandíbula.

—Estás herida. Voy a pedir ayuda ahora.

Ella negó con la cabeza con una desesperación casi infantil.

—No… por favor… si llaman antes de que te explique… ellos van a llegar primero.

“Ellos”.

La palabra se quedó flotando entre ambos como un cuchillo.

Sebastián miró la puerta entreabierta, el pasillo vacío, la sangre en la cama y luego volvió a ella.

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