TE DESPERTASTE DESNUDA EN LA CAMA HELADA DE TU JEFE DESPUÉS DE TU PRIMER VIAJE DE NEGOCIOS, Y LUEGO ÉL DIJO QUE NO PODÍAS HUIR, PORQUE LO QUE PASÓ ESA NOCHE PODRÍA DESTRUIR TODO SU IMPERIO.-nghia - US Social News

TE DESPERTASTE DESNUDA EN LA CAMA HELADA DE TU JEFE DESPUÉS DE TU PRIMER VIAJE DE NEGOCIOS, Y LUEGO ÉL DIJO QUE NO PODÍAS HUIR, PORQUE LO QUE PASÓ ESA NOCHE PODRÍA DESTRUIR TODO SU IMPERIO.-nghia

Parte 1

Valeria despertó semidesnuda en la cama de Rafael Alcázar y, antes de que saliera el sol por completo sobre Paseo de la Reforma, ya sentía que su vida se había roto en 2.

Se encerró en el baño de la suite con llave y apoyó las 2 manos sobre el mármol frío, mirando su reflejo como si la mujer del espejo pudiera explicarle en qué momento había cruzado una línea que juró no tocar jamás. Tenía el cuello manchado de rojo, los labios hinchados y el cabello desordenado de una forma demasiado íntima para ser un accidente. La bata gris que cubría su cuerpo no era suya. Era de Rafael, el hombre al que toda la empresa llamaba, a sus espaldas, el Rey de Hielo.

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Respiró hondo 3 veces, pero no sirvió de nada.

Recordaba fragmentos sueltos: copas brillando bajo las luces del hotel, risas de inversionistas de Monterrey, un brindis interminable, la vista de la ciudad encendida, Rafael aflojándose la corbata por primera vez en 2 años frente a ella. Después, nada firme. Nada que pudiera salvarla.

Cuando salió del baño, Rafael ya estaba vestido con una camisa oscura impecable. La suite estaba bañada por una luz cruel, como si la mañana quisiera exponer hasta el último detalle de lo ocurrido. En la mesa había desayuno servido: café, fruta, chilaquiles, pan tostado, jugo. Aquella normalidad la ofendió más que el pánico.

Rafael levantó la vista apenas 1 vez y deslizó una taza hacia la silla vacía.

—Siéntate.

Valeria no se movió.

—No tengo hambre.

—Te estás temblando.

Lo odiaba por tener razón.

Se sentó al final, más por debilidad que por obediencia, y rodeó la taza con las manos para esconder el temblor. El silencio entre ambos pesaba demasiado. No era un silencio vacío. Era un silencio lleno de posibilidades horribles.

Valeria tragó saliva y dijo lo que había ensayado mientras se mojaba la cara con agua helada.

—Licenciado… creo que sería mejor fingir que no pasó nada.

La expresión de Rafael cambió apenas, pero ella lo notó. En 2 años llevando su agenda, sus viajes, sus crisis y sus horarios imposibles, había aprendido a leer hasta el más pequeño movimiento de su rostro.

—¿Nada? —preguntó él.

—Lo que sea que haya pasado anoche, no voy a causar problemas. No voy a malinterpretar nada. No voy a usar esto en su contra.

Rafael se recargó en la silla y la miró como si acabara de herirlo en un idioma que sólo ellos 2 entendían.

—Después de lo que pasó entre nosotros, ¿vas a huir de tu responsabilidad conmigo y llamarlo madurez?

Valeria frunció el ceño.

—¿Responsabilidad? Desperté en su cama sin recordar cómo llegué aquí. Creo que entrar en pánico es bastante razonable.

La mandíbula de Rafael se tensó.

—Eso es justo. Entonces empecemos con hechos.

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