Bajo la lluvia brutal de la inundación, el perro seguía nadando sin apartarse del bote…-tuan - US Social News

Bajo la lluvia brutal de la inundación, el perro seguía nadando sin apartarse del bote…-tuan

La lluvia había empezado la noche anterior.

Al principio, como empiezan muchas tragedias, parecía una tormenta más.

Viento fuerte.

Cielo gris.

Truenos a la distancia.

Personas entrando la ropa del patio.

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Ventanas cerrándose.

Niños mirando la calle con esa emoción ingenua que todavía no sabe distinguir entre espectáculo y desastre.

Pero en los pueblos cercanos al río, la gente aprende a desconfiar de la lluvia demasiado insistente.

No porque sean pesimistas.

Sino porque el agua, cuando decide entrar, no pregunta a quién le pertenece la casa.

Primero se llenaron las zanjas.

Luego desaparecieron los caminos de tierra.

Después el río dejó de parecer río.

Ya no tenía bordes.

Ya no tenía paciencia.

Era solo una masa marrón y furiosa abriéndose paso entre huertos, cercas, gallineros y patios donde horas antes todavía había ropa colgada y niños persiguiéndose descalzos.

A las cinco de la mañana, la corriente ya había alcanzado la primera fila de viviendas.

A las seis, los vecinos empezaron a sacar lo que podían cargar.

A las siete, algunos techos ya estaban rodeados de agua.

Y poco antes de las ocho, el equipo de rescate local salió con dos botes a recorrer la zona más baja del poblado.

Mateo iba en el primer bote.

No era la primera inundación que veía.

Tampoco era la primera vez que escuchaba gritos mezclados con lluvia.

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