Los rescatistas escucharon un ruido débil bajo los escombros y pensaron que por fin habían encontrado a una persona con vida…-tuan - US Social News

Los rescatistas escucharon un ruido débil bajo los escombros y pensaron que por fin habían encontrado a una persona con vida…-tuan

El temblor comenzó a las 4:17 de la madrugada.

Primero fue un murmullo extraño en las paredes.

Después un crujido seco.

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Luego el suelo se movió con una violencia tan brutal que, en menos de diez segundos, todo el pueblo parecía haberse convertido en una trampa.

Las ventanas estallaron.

Los postes se inclinaron.

Los techos cedieron.

Las calles, que hasta hacía un instante eran solo calles humildes y silenciosas, se llenaron de polvo, gritos y oscuridad.

En la casa de la familia Herrera, al final de una calle angosta rodeada de árboles viejos, nadie tuvo tiempo de entender nada.

Rosa gritó el nombre de su hijo.

Miguel intentó abrir la puerta principal.

Las lámparas cayeron.

La alacena se vino abajo.

Y el muro del salón se partió como si estuviera hecho de cartón mojado.

En medio de todo eso estaban Bruno y Nala.

Bruno era un Golden Retriever de cinco años.

Grande.

Noble.

Con esa clase de mirada paciente que hace que un perro parezca más sabio que muchas personas.

Nala, en cambio, era pequeña, rayada, desconfiada y orgullosa.

Una gata que durante mucho tiempo fingió tolerar a Bruno, aunque todos en la casa sabían que lo adoraba en secreto.

Dormían cerca.

Comían separados pero se vigilaban.

Se buscaban cuando la tormenta sonaba fuerte.

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