La perra madre estaba tan delgada que apenas podía mantenerse en pi. vinhprovip - US Social News

La perra madre estaba tan delgada que apenas podía mantenerse en pi. vinhprovip

Aquella tarde hacía un calor sofocante.

El asfalto desprendía un calor seco y abrasador que hacía que uno quisiera caminar lo más rápido posible para encontrar algo de sombra.

Ese pequeño callejón no tenía nada de especial en un principio.

Unas cuantas casas antiguas.

Las persianas enrollables están descoloridas.

Una acera cubierta de arena gruesa y polvo.

Y el ruido del tráfico nunca cesa.

En medio del ajetreo diario, hay un pequeño rincón cerca de la carretera al que casi nadie se molesta en mirar con atención.

No es más que un montón de viejas láminas de cartón unidas entre sí.

Un recipiente de plástico para alimentos está colocado de forma ladeada.

Una figura delgada, demacrada y de color marrón yacía cerca del suelo.

A primera vista, uno podría confundirlo fácilmente con un perro callejero que busca sombra.

O, en el mejor de los casos, es simplemente otro animal abandonado, como tantos otros que esta ciudad suele ignorar.

Pero si te quedaras allí unos segundos más, cualquiera se daría cuenta de que había algo mucho más desgarrador que eso.

Esa es una perra madre.

Su cuerpo no era más que piel y huesos.

Los laterales son profundamente cóncavos.

Tenía la espalda encorvada como si estuviera a punto de romperse.

Su pelaje de color marrón amarillento estaba cubierto de polvo y se había vuelto rígido y apelmazado en mechones.

Sus orejas se enderezaron con cansancio.

Tenía los ojos rojos y llorosos.

Estas no son las lágrimas románticas que los humanos suelen atribuir a los animales.

Más bien, se trata de ardor, agotamiento, dolor y desesperación llevados al límite.

Dos crías de animales estaban acurrucadas contra su vientre.

Es tan pequeño que parece que acaba de llegar al mundo.

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