No había probado comida de verdad en días… y aún así seguía usando su último aliento para cubrir a sus bebés del mundo.… -tuan - US Social News

No había probado comida de verdad en días… y aún así seguía usando su último aliento para cubrir a sus bebés del mundo.… -tuan

Nadie sabía cuánto tiempo llevaba en aquel callejón.

Tal vez tres días.

Tal vez una semana.

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Tal vez más.

En lugares así, el tiempo no se cuenta con relojes.

Se cuenta con hambre.

Con frío.

Con miedo.

Con el número de personas que pasan de largo sin detenerse.

El callejón estaba escondido detrás de una fila de edificios gastados.

Las paredes estaban manchadas.

El suelo agrietado.

Había basura acumulada junto a un cubo metálico rebosado de periódicos viejos, botellas aplastadas y restos de comida podrida.

El aire olía a humedad, metal y abandono.

Y sobre ese suelo roto, como si el mundo la hubiera dejado caer allí para olvidar que existía, yacía una perra blanca.

Tan delgada que costaba entender cómo seguía viva.

Sus huesos sobresalían como ramas secas.

Su vientre estaba pegado a las costillas.

La piel parecía tensada sobre un cuerpo que ya no tenía reservas de nada.

Ni de grasa.

Ni de fuerza.

Ni de esperanza.

Pero aun así no estaba sola.

Pegados a su lomo, acurrucados junto a su pecho, había tres cachorros pequeños.

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