Cada noche, cuando la ciudad apagaba las luces y el frío empezaba a vaciar las calles, un taxista abría las puertas de su coche…-tuan - US Social News

Cada noche, cuando la ciudad apagaba las luces y el frío empezaba a vaciar las calles, un taxista abría las puertas de su coche…-tuan

Cada ciudad tiene héroes que nadie reconoce a primera vista.

No llevan uniforme.

No salen en la televisión.

No tienen escoltas.

Ni discursos preparados.

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A veces solo manejan un taxi viejo por avenidas llenas de ruido.

A veces regresan a casa con la espalda rota del cansancio y las manos ásperas de trabajar.

A veces parecen personas comunes.

Tan comunes que nadie imaginaría el tamaño del corazón que esconden.

Mateo era uno de esos hombres.

Llevaba media vida conduciendo por la ciudad.

Sabía dónde se formaban los embotellamientos más largos.

Dónde la gente pedía taxi con prisa.

Dónde los hospitales olían a insomnio.

Dónde los bares vaciaban clientes tristes a la madrugada.

Y también sabía algo que muchos preferían ignorar.

Sabía dónde dormían los perros callejeros.

Los veía bajo coches estacionados.

Bajo puentes.

Detrás de puestos cerrados.

En solares vacíos.

Sobre cartones húmedos.

A veces acurrucados en grupo.

A veces solos.

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