Encadenada, agotada y con el cuerpo marcado por cicatrices, ya no le quedaba nada… -tuan - US Social News

Encadenada, agotada y con el cuerpo marcado por cicatrices, ya no le quedaba nada… -tuan

La cadena sonaba distinto cada vez que ella intentaba respirar más hondo.

No era solo el ruido del hierro contra el poste.

Era el sonido de una vida gastándose en silencio.

El patio trasero de aquella casa olvidada no parecía un lugar donde pudiera empezar nada bueno.

Había barro seco mezclado con paja húmeda.

Madera podrida.

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Una reja torcida.

Y más allá, una línea de árboles oscuros que parecía tragarse el poco sol que entraba.

En medio de todo eso estaba ella.

Una perra color canela, grande, fuerte alguna vez, pero ahora reducida a huesos, heridas viejas y ojos cansados.

Su cuello estaba atrapado por una cadena demasiado pesada.

No una cuerda.

No una correa.

Una cadena de eslabones gruesos, oxidados, crueles.

Cada pequeño movimiento le dejaba la marca del hierro en la piel.

Aun así, se movía.

No por ella.

Por los cachorros.

Tres cuerpos diminutos temblaban pegados a su vientre.

Buscaban leche.

Buscaban calor.

Buscaban ese refugio primitivo que solo una madre puede ofrecer incluso cuando ya no le queda casi nada.

Ella los acomodaba con la punta de la pata.

Muy despacio.

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