Lloraba frente a un plato vacío en un callejón oscuro, con una pata menos y el cuerpo cubierto de barro… -tuan - US Social News

Lloraba frente a un plato vacío en un callejón oscuro, con una pata menos y el cuerpo cubierto de barro… -tuan

El callejón olía a lluvia vieja.

A metal oxidado.

A restos de comida que ya nadie reclamaría.

A esa mezcla de humedad y abandono que se pega en la ropa y no se va fácilmente.

No era un lugar al que la gente entrara por casualidad.

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Era uno de esos rincones escondidos entre edificios viejos, donde el concreto se agrieta, las paredes se manchan de moho y la vida parece pasar por delante sin detenerse jamás.

Allí estaba él.

Sentado.

Quieto.

Con el cuerpo inclinado apenas hacia un lado para compensar la ausencia de una pata delantera.

Era un perro de tamaño mediano, pelaje color miel, ahora oscurecido por el barro y la suciedad.

Su hocico tenía marcas de tierra seca.

Sus costillas se insinuaban bajo el pelo enredado.

Y frente a él, como si fuera el centro de todo lo que quedaba de su mundo, descansaba un plato metálico vacío.

Oxidado.

Torcido.

Viejo.

Casi tan cansado como él.

Quienes vivían cerca lo habían visto durante días.

Tal vez semanas.

Nadie sabía con certeza cuándo apareció.

Solo sabían que, de un momento a otro, comenzó a formar parte del paisaje triste del callejón.

Por la mañana estaba allí.

Por la tarde seguía allí.

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