Cuando la inundación empezó a tragarse las calles, todos pensaron que el hombre sin casa correría para salvarse primero…-tuan - US Social News

Cuando la inundación empezó a tragarse las calles, todos pensaron que el hombre sin casa correría para salvarse primero…-tuan

Cuando el agua empezó a subir en Jackson aquella madrugada, muchos pensaron en techos.

Otros pensaron en autos.

Otros, en documentos.

En medicinas.

En comida.

En salir.

Siempre salir.

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Porque cuando una ciudad comienza a hundirse bajo una lluvia que no da tregua, el instinto humano se reduce a una sola cosa:

sobrevivir primero.

Pero en un estacionamiento de concreto donde dormía un hombre al que casi nadie miraba durante el día, la historia iba a tomar otro rumbo.

Miguel Harris tenía cincuenta y siete años.

No tenía casa.

No tenía una puerta que cerrar cuando la tormenta empeoraba.

No tenía un sofá donde sentarse a esperar indicaciones por televisión.

Dormía en un rincón de un garaje elevado, con una mochila pequeña, una manta vieja y algunos objetos que había aprendido a proteger como si fueran todo un patrimonio.

Para él, en cierto sentido, lo eran.

Quienes vivían alrededor quizá lo habían visto más de una vez.

Un hombre callado.

Flaco.

Curtido por el calor del verano y el frío de las noches.

Uno de esos rostros que la ciudad aprende a ignorar hasta que un desastre obliga a mirar de nuevo.

La lluvia había empezado muchas horas antes.

Al principio fue solo lluvia.

Fuerte, incómoda, persistente.

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