La tarde caía con un calor que se mezclaba con el rugido constante de los coches.-tuan - US Social News

La tarde caía con un calor que se mezclaba con el rugido constante de los coches.-tuan

La puerta del sedán azul se cerró con ese golpe seco que, para él, siempre había significado lo mismo.

Paseo.

Aire.

Un poco de mundo.

El golden retriever se puso de pie de inmediato, con la cola moviéndose en un arco confiado, esperando escuchar la palabra que solían decirle antes de abrirle espacio junto a la acera.

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Pero aquella vez no hubo caricia.

No hubo voz.

No hubo silbido.

Solo el ruido del motor subiendo de tono mientras las llantas se alejaban por el borde de la autopista, arrastrando consigo lo único que él reconocía como hogar.

Quedó atrás una caja de cartón.

Una manta gastada.

Tres juguetes mordidos.

Y un perro que todavía no entendía que acababa de ser abandonado.

Se sentó junto al guardarraíl como si todo formara parte de una espera corta.

Como si en unos minutos fueran a volver.

Como si aquello fuera una pausa, no una traición.

A su espalda había un muro pintado con flores descoloridas por el sol.

Delante de él, una corriente interminable de coches devorando la tarde en las afueras de Phoenix.

El cielo estaba entrando en ese punto exacto entre el oro y el gris en que el día parece cansado.

El perro no apartaba la mirada de la carretera.

Cada sedán azul le erguía las orejas.

Cada sombra parecida le despertaba la cola.

Cada decepción le devolvía el cuerpo un poco más quieto.

No ladraba.

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