En medio del accidente, cuando nadie se atrevía a tocar al hombre que yacía en el asfalto, -tuan - US Social News

En medio del accidente, cuando nadie se atrevía a tocar al hombre que yacía en el asfalto, -tuan

No sonó a miedo.

No sonó a confusión.

Sonó a advertencia.

Agudo. Frenético. Insistente.

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Todos giraron la cabeza al mismo tiempo hacia el hombre que acababa de abrirse paso entre la multitud. Era alto, vestía una chamarra negra y llevaba un casco en la mano. Venía agitado, con la respiración alterada, como si hubiera corrido desde varias cuadras atrás.

—¡Déjenme pasar, déjenme pasar! —gritó.

Pero el perro se puso de pie frente al motociclista y mostró los dientes.

No atacó.

No avanzó.

Solo se plantó allí, temblando, ladrando con una furia que nadie le había visto un segundo antes.

El hombre de la chamarra se detuvo.

—¿Qué le pasa a ese perro? —dijo, incómodo, mirando a los lados como buscando apoyo.

Nadie respondió.

Porque algo en la escena se había vuelto extraño.

Muy extraño.

El motociclista, aún en el suelo, hizo un esfuerzo desesperado por hablar. Su pecho subía y bajaba con violencia. Tenía el rostro pálido, los labios partidos, los ojos empañados de dolor.

Se aferró con la mirada a aquel hombre.

Y entonces, con la voz rota, apenas audible, logró decir:

—Él… él fue…

La frase murió en su garganta.

Su cabeza cayó de lado.

Varias personas soltaron un grito.

Una mujer se arrodilló.

—¡Señor! ¡Señor, míreme! ¡No se duerma!

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