Estaba sentado al borde del puente, con la capucha puesta y la mirada-tuan - US Social News

Estaba sentado al borde del puente, con la capucha puesta y la mirada-tuan

La ciudad seguía viva.

Pero para Mateo, aquella noche, ya no significaba nada.

Los coches cruzaban avenidas.

Las luces de los edificios se encendían y apagaban.

La gente entraba y salía de restaurantes, bares, estaciones y apartamentos con esa prisa mecánica de quienes todavía creen que mañana será una continuación normal de hoy.

Él no.

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Para él, la noche tenía un final.

Uno claro.

Uno silencioso.

Uno que llevaba semanas formándose dentro de su cabeza como una idea cada vez menos aterradora.

No había llegado allí de golpe.

Nadie se rompe por completo en un solo día.

Lo de Mateo había sido una acumulación lenta.

Una cadena de pequeñas derrotas.

Una presión constante.

Un cansancio que dejó de ser físico para convertirse en algo mucho más peligroso.

Tenía veintidós años.

Pero se sentía como si llevara cien encima.

Había perdido el trabajo que usaba para pagar el alquiler.

Tenía deudas atrasadas.

La relación con su padre era casi inexistente.

Su madre vivía en otra ciudad y pensaba que él estaba “aguantando”.

Sus amigos seguían escribiéndole al principio.

Luego menos.

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