Estaba muriendo a pocos metros de la pared, acurrucada tan fuertemente que parecía como si hubiera pasado toda su vida tratando de hacerse más pequeña...-nghia - US Social News

Estaba muriendo a pocos metros de la pared, acurrucada tan fuertemente que parecía como si hubiera pasado toda su vida tratando de hacerse más pequeña…-nghia

Cuando Elena vio al perro, ya había dejado de llover.

Pero el suelo detrás del almacén aún parecía lo suficientemente húmedo como para recordarlo.

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Los charcos se acumulaban en el hormigón roto.

El cartón se había convertido en pulpa contra la pared.

Las malas hierbas que crecían entre la valla olían a óxido y polvo húmedo.

Esa parte de la vía de servicio era el tipo de lugar por donde la gente pasaba a toda velocidad.

El tipo de lugar donde se acumulaba la basura.

Un lugar donde el sufrimiento podía permanecer inmóvil y pasar desapercibido durante todo el día.

Elena solo se había desviado por ese carril lateral porque un repartidor la detuvo en la gasolinera y le dijo que había “una especie de perrito enfermo” detrás del edificio vacío cerca del taller mecánico.

No parecía muy optimista.

Parecía culpable.

Así era como solían empezar los rescates.

No con valentía.

Cuando alguien se da cuenta demasiado tarde e intenta pasarle la responsabilidad a otra persona.

Elena aparcó junto a un contenedor de basura abollado y rodeó el almacén por la parte trasera con una manta, guantes y un nudo que ya se le apretaba en el pecho.

El perro estaba allí.

Acostada contra la pared.

De color marrón rojizo bajo la tierra.

Lo suficientemente pequeño como para parecer casi un zorro a primera vista.

Entonces Elena se acercó.

Y toda la ilusión se desmoronó.

No se trataba de un perro callejero desaliñado.

Era un organismo que llevaba mucho tiempo fallando.

Le faltaba pelo en los hombros, las caderas y parte de la cola.

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