Los chicos dejaron de jugar al fútbol en cuanto vieron al pobre corgi atado a un poste en el basurero.-nghia - US Social News

Los chicos dejaron de jugar al fútbol en cuanto vieron al pobre corgi atado a un poste en el basurero.-nghia

Los chicos llevaban casi una hora jugando al fútbol en el solar vacío cuando la pelota dio un bote inesperado y lo cambió todo.
Saltó disparada por el césped irregular.
Saltó por encima de un charco.
Y rodó directamente hacia el basurero que había detrás del almacén abandonado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Marco fue el primero en ir tras ella.
Tenía doce años, era todo rodillas y codos, rápido y normalmente el más ruidoso del grupo.
Pero esa tarde, sus gritos cesaron a mitad del solar.

Eli y Noah lo notaron enseguida.
Marco había llegado al otro extremo del basurero y se había quedado extrañamente quieto.
El basurero no era oficial.
Era el tipo de sitio que los vecinos fingen ignorar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un espacio muerto entre una valla derruida y un edificio de ladrillos abandonado con ventanas rotas.
La gente tiraba de todo allí.
Colchones viejos.
Armarios rotos.
Bolsas de basura negras con manchas misteriosas.
Comida podrida.
Madera astillada.
Metal doblado.
Una vez, los chicos encontraron un inodoro roto, medio enterrado entre la maleza.
Sus padres odiaban que se acercaran.
Pero los niños van donde hay espacio para correr.
Y en las semanas lluviosas, cuando el campo de verdad se convertía en barro, el solar junto al basurero se convertía en su cancha de fútbol.
Ese día, el cielo estaba bajo y gris.
El aire olía a lluvia mezclada con podredumbre.
La pelota había desaparecido tras un montón de cajas rotas y cartón empapado.
Marco debería haber entrado corriendo, haberla cogido y haber salido enseguida.

 

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