A Elbie la buscaban abajo, pegando avisos en cada poste,-tuan - US Social News

A Elbie la buscaban abajo, pegando avisos en cada poste,-tuan

El viento soplaba fuerte esa tarde de martes en Chicago.

Tomás caminaba por las calles de su vecindario con un fajo de carteles bajo el brazo y una cinta adhesiva en la mano.

En cada poste de luz, en cada parada de autobús, pegaba una hoja de papel con una foto y la palabra “RECOMPENSA” escrita en letras grandes y rojas.

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La foto mostraba a Elbie, una pequeña Jack Russell Terrier blanca con manchas marrones.

Hacía exactamente cuarenta y ocho horas que Elbie había desaparecido de su apartamento en el piso catorce.

Tomás había dejado la puerta entreabierta mientras sacaba la basura al pasillo.

Fue solo un segundo.

Un simple descuido.

Pero cuando regresó a su sala de estar, el silencio era absoluto.

Elbie, que siempre corría a recibirlo con su juguete favorito en la boca, no estaba por ninguna parte.

Él buscó debajo del sofá, detrás de las camas y dentro de los armarios.

Salió al pasillo, llamó a su nombre, y bajó las escaleras piso por piso hasta el vestíbulo principal.

Nada.

El conserje no la había visto salir por la puerta principal.

Las cámaras de seguridad del ascensor no mostraban a ningún perro subiendo o bajando.

Era como si la tierra se hubiera tragado a su pequeña compañera.

Durante dos días, Tomás no durmió.

Recorrió el vecindario de arriba abajo.

Preguntó a cada vecino, a cada repartidor, a cada persona que paseaba a su perro.

La desesperación comenzó a transformarse en un miedo sordo y pesado.

El miedo de que alguien la hubiera robado.

El miedo de no volver a verla nunca más.

Vivir en un rascacielos es aislarte del suelo.

Si pierdes algo allí arriba, buscar abajo parece inútil, pero es lo único que puedes hacer.

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