Bajo el sol seco de la tarde, nadie quería mirar al perro que llevaba semanas consumiéndose sobre un saco roto…-tuan - US Social News

Bajo el sol seco de la tarde, nadie quería mirar al perro que llevaba semanas consumiéndose sobre un saco roto…-tuan

El camino del pueblo estaba cubierto de polvo.

Un polvo fino.

Seco.

Persistente.

De ese que se pega a los tobillos, a la ropa y a la piel hasta hacerte sentir que todo respira cansancio.

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Las casas de barro se alzaban a los costados de la calle como si llevaran décadas resistiendo el mismo sol.

Puertas de madera.

Paredes cuarteadas.

Montones de ramas apiladas junto a los muros.

Y un silencio extraño entre un patio y otro.

No era un lugar sin vida.

Pero sí era un lugar donde uno aprendía rápido que el sufrimiento ajeno muchas veces pasa desapercibido si se vuelve parte del paisaje.

Allí llevaba días.

Tal vez semanas.

Quizá más.

Nadie recordaba con precisión cuándo había aparecido aquel perro.

Algunos aseguraban que lo habían visto meses atrás correteando entre las casas, todavía con algo de pelo, todavía con energía suficiente para seguir a los niños desde lejos.

Otros decían que había pertenecido a alguien de una de las últimas viviendas del camino.

Que era un cachorro inquieto.

Que movía la cola.

Que buscaba comida con una mezcla de timidez y esperanza.

Pero cuando la sarna empezó a comérselo vivo, todo cambió.

Lo primero fue el rascado.

Desesperado.

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