Cada músculo de su cuerpo tembloroso luchaba contra la fuerza de la inundación…-tuan - US Social News

Cada músculo de su cuerpo tembloroso luchaba contra la fuerza de la inundación…-tuan

La lluvia no empezó como empiezan los desastres.

Empezó como una molestia.

Una capa fina de agua sobre los techos.

Un golpeteo persistente sobre las lonas de los puestos callejeros.

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Una tarde gris que obligó a los vendedores a cubrir su mercancía con plásticos y a los transeúntes a acelerar el paso.

Pero en las afueras de la ciudad, donde el canal recogía toda el agua sucia de las calles, los pequeños cambios siempre eran una advertencia.

La corriente subía primero con discreción.

Luego con hambre.

Luego con violencia.

Y cuando la gente por fin entendía que aquello ya no era lluvia, sino inundación, muchas cosas ya flotaban demasiado lejos para recuperarlas.

En un hueco escondido entre maleza, cartones mojados y trozos de madera vieja, una perra callejera había hecho su refugio.

No era un lugar seguro.

Nunca lo fue.

Pero era lo único que tenía.

Había elegido ese rincón porque el muro de concreto cortaba un poco el viento, porque desde allí podía oler la basura arrastrada por la corriente y encontrar restos de comida, y porque ningún humano se acercaba demasiado a ese borde pestilente del canal.

Allí había parido.

Sola.

Sin manta.

Sin alimento suficiente.

Sin nadie que la protegiera mientras su cuerpo hacía el trabajo brutal de traer vidas al mundo en medio del barro.

Cuatro cachorros.

Cuatro cuerpos diminutos, tibios, ciegos al principio.

Cuatro razones nuevas para seguir respirando aunque el cuerpo doliera y el hambre no cediera.

Durante los primeros días, la madre apenas se apartaba de ellos.

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