Colocaron dos sillas junto al ataúd, una para el hijo que nunca llegó… y otra para la perrita que se negaba a irse.-nghia - US Social News

Colocaron dos sillas junto al ataúd, una para el hijo que nunca llegó… y otra para la perrita que se negaba a irse.-nghia

Nadie esperaba que la persona más pequeña en el velorio fuera quien rompiera el silencio.

Habían colocado dos sillas de plástico junto al ataúd.

Una de ellas era para la familia.

El otro se convirtió en el lugar donde la perrita de color canela se instaló como si comprendiera exactamente lo que la muerte le había arrebatado.

No photo description available.

Para cuando encendieron las velas, la gente ya había dejado de intentar moverla.

Ella simplemente no se iba.

El velatorio tuvo lugar en el patio de grava situado detrás de la casa.

Se había colgado tela blanca de postes para crear una especie de refugio.

Se mecía suavemente cada vez que soplaba el viento nocturno.

La entrada estaba adornada con ramos de flores.

Los tallos de los lirios se inclinaban sobre los claveles rojos.

Rosas viejas, recortadas de los arbustos del jardín, colgaban marchitas en frascos de vidrio.

Un par de lámparas de aceite brillaban cerca de la mesa donde los vecinos habían colocado pan, café y arroz dulce que nadie realmente quería comer.

En medio de toda aquella frágil belleza, se encontraba un sencillo ataúd blanco.

Y a su lado estaba sentado Sol.

Sol no era un perro especial según los estándares que la gente suele usar.

No era cara.

Ella no era de raza pura.

Tenía una oreja que se doblaba de forma extraña y la otra que se mantenía erguida cuando estaba alerta.

Se le notaban un poco las costillas porque siempre había sido menuda.

Su pelaje era del color dorado polvoriento de un camino que había visto demasiados veranos.

Pero cualquiera que hubiera conocido a Doña Mercedes sabía que para la anciana, Sol había sido algo más que una mascota.

Ella había sido rutinaria.

Compañía.

Read More