EL DÍA QUE LA PERRA DEL MERCADO APARECIÓ CON LÁGRIMAS EN LOS OJOS Y UNA BOLSA DE MAÍZ COLGANDO DEL HOCICO,-tuan - US Social News

EL DÍA QUE LA PERRA DEL MERCADO APARECIÓ CON LÁGRIMAS EN LOS OJOS Y UNA BOLSA DE MAÍZ COLGANDO DEL HOCICO,-tuan

Nadie se percató del perrito al principio, pues los mercados están diseñados para entrenar a la gente a no notar nada que no interrumpa una transacción.

El ruido se convierte en telón de fondo.

Las voces se vuelven parte del clima.

Los rostros se desdibujan.

May be an image of animal

La urgencia prevalece.

Por eso, la mayoría de las mañanas, Lola podía abrirse paso entre pilas de cajas de cebollas, cubos de plástico baratos, escobas colgantes y montones de naranjas sin detener el mundo a su alrededor.

Era pequeña.

Iba pegada al suelo.

E incluso con su gorrita azul y su diminuto chaleco, la gente solía percibirla solo en fragmentos.

Un destello de pelaje color caramelo.

Una bolsa de plástico colgando de su hocico.

Dos ojos brillantes alzando la mirada por un breve segundo, justo antes de que la siguiente persona pasara empujando.

Pero quienes trabajaban a diario en el Mercado de San Miguel la conocían bien.

Conocían el ritmo de sus patas sobre el cemento.

Conocían la forma en que siempre se mantenía medio paso por delante de Don Julián, como si fuera explorando el camino más seguro.

Sabían que nunca robaba comida.

Nunca ladraba descontroladamente.

Nunca intentaba morder.

Simplemente se acercaba.

Hacía una pausa.

Miraba.

Esperaba.

Y, de algún modo —valiéndose únicamente de su paciencia y de esos ojos extraordinarios—, lograba vender más bolsas de aperitivos que muchos vendedores humanos en toda una mañana.

Los niños la adoraban.

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