El perrito llevaba días sentado junto a la puerta del local sin ladrar, sin acercarse a nadie y sin pedir nada…-tuan - US Social News

El perrito llevaba días sentado junto a la puerta del local sin ladrar, sin acercarse a nadie y sin pedir nada…-tuan

La primera vez que Mariela la vio, pensó que era como cualquier otro perro callejero que aprende a vivir del olor ajeno.

Uno más.

Uno de tantos.

Flaco.

Quieto.

Invisible a fuerza de repetirse en las banquetas.

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En esa zona de la ciudad siempre había animales vagando entre puestos, bolsas de basura y mesas al aire libre.

Unos ladraban.

Otros perseguían motos.

Otros se peleaban por huesos o por rincones de sombra.

Pero aquella perrita no se parecía a ellos.

No hacía escándalo.

No corría detrás de nadie.

No se acercaba a los clientes con la lengua afuera ni los ojos redondos de súplica.

Se sentaba.

Eso era todo.

Se sentaba junto al marco de la puerta del restaurante, pegada a la pared, como si intentara ocupar el menor espacio posible del mundo.

El local donde trabajaba Mariela no era elegante.

Tampoco miserable.

Era un negocio de comida rápida que sobrevivía gracias al movimiento constante.

Burritos.

Tortas.

Platos corridos.

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