En el refugio, aquella tarde, le dijeron a la mujer que podía llevarse al perro pequeño o al más viejo.… -tuan - US Social News

En el refugio, aquella tarde, le dijeron a la mujer que podía llevarse al perro pequeño o al más viejo.… -tuan

El refugio estaba ruidoso esa tarde.

Ruidoso como siempre lo están los refugios.

Las puertas metálicas resonaban.

Los cuencos raspaban contra el cemento.

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Los perros ladraban unos a otros hasta que cada sonido se convirtió en una larga pared de necesidad.

La gente iba y venía con rostros esperanzados.

Algunos se marchaban sonriendo.

Otros se marchaban con las manos vacías.

Algunos se detenían frente a las jaulas lo justo para decir que un perro era hermoso antes de seguir hacia otro que parecía más joven, más pequeño, más fácil de cuidar.

Sin embargo, al fondo del edificio, había una jaula donde el ruido parecía disminuir.

Dos perros yacían juntos allí.

No cerca el uno del otro.

No simplemente compartiendo espacio.

Juntos.

El mayor era un pitbull negro con hocico plateado y ojos lentos y cansados.

Su cuerpo aún conservaba vestigios de fuerza, pero la edad ya había comenzado a debilitarlo.

Sus patas se veían rígidas cuando se movía.

Sus hombros eran más anchos que los del perro más joven, pero ya no conservaban la firmeza propia de la juventud.

Un labrador marrón más pequeño se apretaba contra él.

La barbilla del labrador descansaba sobre el costado del perro mayor, como si se hubiera quedado dormido escuchando un latido en el que confiaba más que en el mundo.

Cada pocos segundos, incluso dormido, una de las patitas del perrito se movía.

Pero nunca se alejaba.

Permanecía en contacto.

Siempre.

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