Estaba parada en medio de la carretera empapada por la lluvia sobre dos patas delanteras temblorosas, negándose a arrastrarse a un lugar seguro...-nghia - US Social News

Estaba parada en medio de la carretera empapada por la lluvia sobre dos patas delanteras temblorosas, negándose a arrastrarse a un lugar seguro…-nghia

La lluvia había comenzado antes del atardecer.

No del tipo blando.

No es el tipo de comodidad que la gente busca en el interior de sus hogares.

Fue una tormenta dura e implacable.

Del tipo que borra la distancia.

Del tipo que redujo el mundo a faros, agua e instinto.

En la carretera comarcal número 17 no había farolas.

Solo asfalto, árboles, cunetas y algún que otro cartel destartalado medio oculto entre la maleza.

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A las seis de la tarde, la carretera parecía desierta.

Quienes seguían conduciendo lo hacían porque no les quedaba más remedio.

Caleb era uno de ellos.

Impartía clases de ciencias a alumnos de séptimo grado en la escuela secundaria situada a treinta kilómetros de distancia, y esa noche en particular se había quedado hasta tarde corrigiendo informes de laboratorio mientras el cielo se oscurecía, pasando de gris a color hierro.

Para cuando finalmente salió del estacionamiento, la tormenta ya se había intensificado.

Al principio conducía despacio.

Luego más despacio.

Sus limpiaparabrisas golpeaban furiosamente de un lado a otro, apenas logrando seguir el ritmo.

El calefactor del camión le soplaba aire caliente en la cara, pero sus hombros permanecieron tensos.

Odiaba carreteras como esta con ese tiempo.

Demasiado vacío.

Hay demasiadas posibilidades de que algo salga mal.

Estaba a mitad del tramo más oscuro cuando vio movimiento en el carril que tenía delante.

Al principio, solo era una mancha borrosa y pálida.

Una forma en el agua.

Algo demasiado bajo para ser una persona y demasiado quieto para ser un ciervo.

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