La gente se mantenía a unos pasos de distancia y susurraba entre sí que probablemente el perro no podría salvarse... -nghia - US Social News

La gente se mantenía a unos pasos de distancia y susurraba entre sí que probablemente el perro no podría salvarse… -nghia

El hombre que barre el antiguo mercado lleva casi doce años haciendo ese trabajo.

Estaba acostumbrado al olor a basura.

Familiarizado con callejones húmedos.

La gente está acostumbrada a deshacerse de las cosas que ya no quiere ver.

Las verduras están magulladas.

La caja de poliestireno está sucia.

La silla está rota.

Y a veces, incluso los animales son descuidados como si fueran simplemente una parte más de ese montón de sobras.

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Pero aquella mañana fue diferente.

El aire es cálido y seco.

El sol caía con tanta fuerza sobre el hormigón que todo parecía deslumbrar.

Estaba empujando su carrito de basura por el callejón trasero del mercado cuando escuchó un sonido extraño.

No es grande.

Hueco.

Fue solo una respiración corta, débil y ronca.

Al principio, pensó que era el sonido del viento soplando a través de la pila de cajas de cartón.

Entonces volvió a escuchar.

Dejó de caminar.

Mirando hacia el final del callejón, donde una pared cubierta de musgo proyecta una sombra que oculta una sección del suelo.

Y entonces lo vio.

Un perro marrón yacía de costado sobre el suelo de baldosas.

Estaba tan delgado que apenas se parecía a un cuerpo sano.

Los hombros sobresalen bruscamente, como el borde de una roca.

Los huesos de la cadera son claramente visibles bajo la piel seca y arrugada.

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