La pequeña madre no tenía fuerzas ni para levantarse, pero seguía cubriendo a sus cachorros con el cuerpo dentro del basurero,-tuan - US Social News

La pequeña madre no tenía fuerzas ni para levantarse, pero seguía cubriendo a sus cachorros con el cuerpo dentro del basurero,-tuan

La lluvia había convertido la tarde en una escena gris.

El cielo parecía aplastarlo todo.

Las calles estaban cubiertas de agua sucia.

Los autos pasaban levantando pequeños chorros de barro.

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Las bolsas de plástico rodaban por la acera como si ni siquiera el viento quisiera dejarlas quietas.

Era uno de esos días en que la ciudad se vuelve más cruel con quienes no tienen techo.

Con quienes no tienen puerta.

Con quienes no tienen adónde correr.

A pocos metros de la calle principal, junto a una zona de grava mojada y maleza aplastada por la tormenta, había un contenedor de basura grande, viejo, metálico, con la tapa medio abierta por el peso del agua.

Desde fuera parecía un basurero más.

Un objeto olvidado en medio del mal tiempo.

Nadie habría imaginado que, en el fondo de aquel recipiente frío y oscuro, una madre estaba librando una batalla silenciosa por la vida de sus cachorros.

Ella había llegado allí porque no tenía otro lugar.

Eso era evidente.

Ningún animal elige la basura como refugio si el mundo le ha dado alguna otra opción.

Pero aquella perrita no tenía opción.

Su cuerpo lo decía todo.

Era pequeña.

Demasiado delgada.

Su pelaje rizado, probablemente suave alguna vez, estaba ahora empapado, endurecido por la suciedad y pegado a la piel.

Tenía la mirada cansada.

No la mirada agresiva de quien aún conserva fuerzas para pelear.

Ni la mirada vacía de quien ya renunció del todo.

Era algo más duro.

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