La Sociedad Protectora de Animales de Tacoma y el Condado de Pierce es un lugar que lo ve todo.
Ven a los abandonados, a los maltratados y a los olvidados.
Pero una mañana de martes, al abrirse la puerta de entrada, se encontraron con una escena que dejó atónitos a los veteranos empleados.
Una pitbull de 5 años llamada Libby entró, o mejor dicho, entró cojeando.

Adherida a su pata delantera izquierda había una masa tan grande que parecía que llevaba una segunda cabeza.
Era el tumor más grande que el equipo médico había visto en la historia del refugio.
El tumor era casi del tamaño de una bola de bolos.
Le colgaba, haciendo que todo el cuerpo de Libby se inclinara hacia un lado.
Su columna vertebral estaba curvada por años de compensar el peso.
Sin embargo, cuando la directora médica se acercó con la correa, Libby no gruñó.
No se acobardó.
Dejó escapar un suave gemido y apoyó la cabeza en la cadera de la directora. Su cola, aunque delgada y con cicatrices, comenzó a golpear rítmicamente contra el suelo.
“Era el alma más dulce en el cuerpo más maltrecho”, recordó una voluntaria.
El personal se enamoró de inmediato de su dulce carácter.
Sabían que la cirugía era la única opción, pero era arriesgado.
Una masa de ese tamaño requiere un suministro de sangre inmenso.
Existía un alto riesgo de que Libby se desangrara en la mesa de operaciones.
Además, si la masa era cancerosa y se había extendido, la cirugía solo prolongaría su sufrimiento.
El primer paso fue una serie de radiografías y análisis de sangre.
Libby se mantuvo completamente quieta durante cada pinchazo.

Miraba a los técnicos con sus grandes ojos color ámbar que parecían decir: “Gracias por intentarlo”.
La comunidad se enteró de la historia de Libby y las donaciones comenzaron a llegar en abundancia.
Gente de todo el país quería financiar la cirugía de la perra con la “pata gigante”.
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El día de la operación, el quirófano se preparó para una larga jornada.
El cirujano principal, el Dr. Miller, dedicó cuatro horas a separar meticulosamente la masa del músculo y el hueso de Libby.
La masa pesaba la asombrosa cantidad de 4,5 kilos.
Para ponerlo en perspectiva, representaba casi una cuarta parte del peso corporal total de Libby.
Mientras se colocaban los últimos puntos, la sala contuvo la respiración.
El ritmo cardíaco de Libby era estable.
Había sobrevivido a la extirpación.
Pero el verdadero misterio comenzó cuando la masa fue enviada al laboratorio de patología.
Mientras Libby se recuperaba, aprendiendo a caminar sin ese peso enorme que la lastraba, llegaron los resultados.
Los médicos esperaban un tumor maligno común.
Pero lo que encontraron dentro del tejido fue una acumulación de objetos extraños que no deberían haber estado allí.
Esto sugería que la condición de Libby no era simplemente un accidente biológico.
Fue el resultado de años de extrema negligencia ambiental y algo aún más siniestro.
A pesar de su oscuro pasado, el espíritu de Libby permaneció inquebrantable.
Una semana después de la cirugía, corría por el patio.
Era rápida.
Era ágil.
Por fin era la perrita de 5 años que siempre debió ser.
Una tarde, una pareja entró al refugio.
No buscaban un cachorro.
Buscaban un perro que necesitara un motivo para sonreír.
Cuando vieron a Libby, con el hombro afeitado y la larga hilera de puntos de sutura, no vieron a una “perra enferma”.
Vieron a una superviviente.
Libby se acercó a ellos, olfateó sus manos e hizo su gesto característico.
Se apoyó con todo su peso en ellos.
Era el “apoyo del pitbull”: una señal de absoluta confianza y amor.
La pareja rompió a llorar.
Firmaron los papeles de adopción esa misma hora.

Libby salió del refugio no solo más ligera físicamente, sino también con el alma más ligera.
Ahora tiene un patio con césped natural y una cama más suave que las nubes.
La masa ya no está, pero el recuerdo de su valentía permanece en todos los que la conocieron.
Demostró que, por muy pesada que sea la carga, siempre se puede encontrar la manera de mover la cola.
¿Y el secreto que se descubrió en su biopsia? Dio lugar a una investigación que garantizó que ningún otro perro sufriera como ella.