Nadie entendía por qué el perro no ladraba… hasta que vieron que el agua ya le había robado todo menos la fuerza para seguir esperando.-tuan - US Social News

Nadie entendía por qué el perro no ladraba… hasta que vieron que el agua ya le había robado todo menos la fuerza para seguir esperando.-tuan

La lluvia empezó como empiezan muchas tragedias.

Con una promesa pequeña.

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Con un cielo gris.

Con vecinos diciendo que seguramente pasaría pronto.

Con puertas cerradas temprano y ropa recogida a toda prisa.

Pero esa semana, en Rio Grande do Sul, la lluvia no venía a pasar.

Venía a quedarse.

Venía a romper.

Venía a tragarse calles, casas, puentes y certezas.

Al principio, la gente intentó seguir con su rutina.

Algunos subieron muebles.

Otros pusieron bolsas de arena frente a las puertas.

Muchos revisaron sus teléfonos una y otra vez, esperando un mensaje que dijera que lo peor había pasado.

Ese mensaje nunca llegó.

El agua subió durante la noche.

Luego siguió subiendo al amanecer.

Y para cuando muchos entendieron que aquello ya no era una tormenta sino una catástrofe, ya era demasiado tarde para salir caminando.

Las calles dejaron de ser calles.

Los patios desaparecieron.

Los autos flotaron como juguetes rotos.

Y los barrios enteros quedaron convertidos en islas de miedo.

En medio de ese escenario, había quienes gritaban por sus hijos.

Había quienes gritaban por sus padres.

Y había quienes gritaban por sus animales.

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