NADIE ESCUCHÓ A LA PERRA MADRE LLORAR EN LA TORMENTA...-nghia - US Social News

NADIE ESCUCHÓ A LA PERRA MADRE LLORAR EN LA TORMENTA…-nghia

La lluvia cambia la forma del mundo por la noche.

Suaviza las distancias.

Difumina las vallas, las cunetas y los bordes irregulares de las carreteras.

Oculta el movimiento.

Hace que todo parezca más lejano de lo que realmente está.

En ese tramo de carretera, con las casas más cercanas relegadas tras muros bajos y patios oscuros, la tormenta había convertido los arcenes en algo casi invisible.

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El agua corría a toda velocidad por los canales de drenaje poco profundos.

El barro se desprendía bajo cada rueda que pasaba.

El pavimento reflejaba los faros de los coches en largas y temblorosas estelas que hacían que la noche pareciera aún más fría de lo que ya era.

La mayoría de los conductores mantenían la vista al frente.

Eso es lo que hace la gente durante las tormentas.

Reducen su visión.

Agarran el volante.

Se dicen a sí mismos que lo que sea que esté ahí fuera, al otro lado de la acera, puede esperar a que amanezca.

Pero el sufrimiento rara vez espera a que amanezca.

Acecha en las cunetas.

Se curva junto a las autopistas.

Tiembla bajo la lluvia y espera que un par de faros pertenezcan a alguien dispuesto a detenerse.

Esa noche, al borde de aquella carretera, una perra blanca había llegado al punto en que la esperanza y el instinto eran lo mismo.

Se tumbó de lado, no porque quisiera descansar, sino porque la energía necesaria para hacer cualquier otra cosa casi había abandonado su cuerpo.

Su pelaje estaba pegado a su piel.

Sus patas estaban resbaladizas por el barro.

Sus costillas se movían demasiado rápido bajo el abrigo mojado.

Y alrededor de su boca llevaba una tira de cinta adhesiva gris, oscurecida por el agua de lluvia y la suciedad.

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